La mariposa viajera de Ana Corchero

Había una vez una mariposa que vivía en los bosques occidentales. Cuando era apenas una pequeña larva que se desplazaba lentamente por los árboles del bosque y soñaba con conocer qué habría más allá de la copa de los árboles.

Con el tiempo, estudió su entorno y aprendió a crear una crisálida de donde nacería una bella mariposa.

Era la mariposa más feliz, volaba con el resto de compañeras, posándose de flor en flor y ayudando a que crecieran más flores. Un día, la mariposa, empezó a preguntarse qué habría más allá de los bosques occidentales.

El resto de mariposas le aconsejaban que se quedara en su lugar:

- Aquí estás segura - le decían algunas
- Más allá es todo nuevo y desconocido - otras

Pero nuestra mariposa, inquieta y reflexiva pensaba que quizás en otros bosques más lejanos también podría ayudar a otras flores a crecer. Así que un día, sin más dilación, decidida, alzó el vuelo y comenzó a batir las alas sin parar, sin saber muy bien qué le depararía su futuro. Y volando, volando, llegó hasta más allá de las montañas orientales.

Allí los árboles eran menos frondosos, y las flores estaban divididas en grupos que se diferenciaban por sus colores.

Las margaritas amarillas por un lado, las malvas lilas por otro, las amapolas rojas más alejadas, y entre ellas no se mezclaban.

-¡Qué bonito sería una flor multicolor! Pensó para sí.

Con cuidado se apoyó sobre las margaritas, intentando coger lo más hermoso de esta flor, con cuidado, lo transportó hacia las malvas, que la miraban con cara de desconfiadas. -No os preocupéis -dijo la mariposa- y continuó - no voy a cortaros, voy a ayudaros a tener más colores.

Después se apoyó sobre las amapolas, y en sus patitas cogió su polen para llevarlo allí donde las margaritas -¡Qué bonito sería una flor blanca, roja y lila!. Poco a poco, con mucho esfuerzo y dedicación, ayudó al bosque oriental a crear un arcoíris de colores, ya no habría flores blancas o rojas, lilas o amarillas, sino que todas compartían aquello más especial de cada una, aquello que las hacía únicas, creando una familia de flores multicolores.

Tan especial y bonito quedó que el resto de insectos y animales de la zona se paraban para contemplar tan magnífica visual.

Llena de felicidad la mariposa alzó el vuelo hacia los bosques del Gironés, donde una nueva aventura la depararía y nuevos retos asumiría. Las flores del bosque oriental le dieron un gran abrazo de despedida y de agradecimiento, desde el cual la luz del sol las reflejó, creando uno de los más hermosos arcoíris jamás visto.